Sustitución de pescados en México amenaza biodiversidad marina

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POR MICHELLE CARRERE EN 17 ABRIL 2019

En más de la mitad de los casos detectados, los pescados son sustituidos por especies considerablemente más baratas. Así, los mexicanos pueden llegar a pagar, sin saberlo, hasta seis veces más por un pescado.

En el 11,2% de los casos analizados, los sustituyentes fueron especies amenazadas o casi amenazadas según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN)

La organización para la conservación marina Oceana, en México, tomó 400 muestras de filetes y platos marinos en restaurantes, supermercados y pesquerías de la ciudad de México, Cancún y Mazatlán para comprobar, mediante identificación de ADN, si existe sustitución en la comercialización de pescados. Es decir, si se reemplazan algunas especies por otras. El resultado dio positivo en 116 casos, es decir, en un 31 %.

Según el estudio, se trata de un problema complejo, porque está de por medio la  vulneración de los derechos del consumidor, las consecuencias ambientales en la salud de las poblaciones de peces y el impacto negativo en la economía de los pescadores.

¿Qué comen los mexicanos?CONAPESCA

Una de las conclusiones principales del estudio es que cinco especies son las más sustituidas en México. En un 95 % de los casos, el marlín (Istiophorus) es sustituido y reemplazado principalmente por el atún  (Thunnus alalunga). El siguiente en la lista es el pez sierra (Pristis pristis) sustituido en un 89 % de los casos, el mero (Epinephelinae) en un 87%, el huachinango (Lutjanus campechanus) en un 54% y el róbalo (Centropomus undecimalis) en un 53%.

Otro de los hallazgos de la investigación es que en el 60% de los casos las sustituciones fueron por un producto de un valor mucho menor. Así, por ejemplo, el mero que alcanza los $579 el kilo ($US 30) fue reemplazado generalmente por basa (Pangasius hypophthalmus) que solo cuesta $91 el kilo ($US 5). Así mismo el huachinango, que tiene un valor de $600 el kilo ($US 32), fue sustituido por un bagre (Siluriformes) que vale solo $53 el kilo ($US 3); y el robalo cuyo costo es de $461 ($US 24) fue reemplazado por Tilapia (Oreochromis) que tiene un precio de $103 el kilo ($US 5).

Contrariamente a otros estudios que se han realizado en otras partes del mundo, donde los restaurantes reúnen los porcentajes más altos de sustitución, en México este problema recae sobre todo en los centros de venta de pescado. Y es que en lugares como La Nueva Viga, el principal mercado de pescados y mariscos de la capital y del país —que por cierto es el segundo más grande del mundo— se encontró un alto porcentaje de sustitución, lo que significa que el problema alcanzó a un público más grande, por la cantidad de puntos de venta que La Nueva Viga alberga. Esto no quiere decir, señalan los investigadores, que la sustitución se haya producido en este lugar, porque el reemplazo de las especies podría haberse dado en instancias previas dentro de la cadena de comercialización.

Sin embargo, señala el estudio, no es pertinente escalar el problema a todas las pescaderías de México, pues en regiones como Mazatlán y Cancún la sustitución, por ejemplo, se concentró sobre todo en los restaurantes.

Renata Terrazas, directora de campañas de transparencia de Oceana, explica que no se puede hablar directamente de fraude.  «No hemos sido testigos del momento en el que se ha hecho la sustitución, pero se puede suponer”,  lo que para la experta, en todo caso, es materia de investigación de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco). Dicho organismo, sin embargo, señaló en una entrevista con Mongabay Latam que esta problemática recae, en todo caso, dentro de las responsabilidades de la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (Conapesca). Y, agregó, que no se puede hablar de fraude, pues la ley solo les exige a los proveedores de especies marinas «informar el precio por kilogramo y el nombre de la especie o variedad marina [comercializada]», no hay una sanción por reportar especies distintas a las vendidas.

Terrazas alerta que efectivamente “no existe una norma que sancione que una especie sea vendida con el nombre de otra”, por lo que crear un marco regulador que corrija esto hace parte de las más urgentes medidas a tomar.

Problemas ambientales y pescadores perjudicados

De acuerdo a los datos del etiquetado y la información entregada por los vendedores, los científicos tendrían que haber recogido muestras de 48 especies. Pero luego de realizados los análisis pudieron comprobar que se trataba de 103, es decir, que “a 58 especies nos las comimos y ni siquiera supimos su nombre. Eso es un problema muy grande porque si algún día desaparece alguna especie no nos vamos a dar cuenta”, dice Terrazas.

Por otra parte, la continua presencia de ciertas especies en el menú de los restaurantes crearía una ilusión de abundancia que no corresponde con la realidad, señala el estudio. “Si tú sigues viendo en el menú que hay un montón de mero piensas que también hay un montón de mero en el mar”, dice Terrazas. Pero esta especie en particular, a pesar de que es ofrecida continuamente en restaurantes, está considerada en deterioro desde el año 2000. Lo que no saben los comensales es que probablemente les estén ofreciendo otro pez y peor aún que podría tratarse de uno en peligro de extinción.

Mercado Nueva Viga

El 11.2% de las sustituciones detectadas por Oceana correspondieron a especies que se encuentran amenazadas o casi amenazadas, según el listado de la Unión Internacional para la conservación de la Naturaleza (UICN). Entre ellas nueve especies diferentes de tiburón que se vendieron como marlín o como cazón. “Si bien la pesca de estas especies en México no es ilegal, el reconocimiento internacional de la vulnerabilidad de su situación nos debería empujar a tener mayor cuidado en su pesca y consumo. En cambio, las comemos con otros nombres y las mantenemos en las sombras”, dice el informe.

Por último, el estudio da cuenta de los perjuicios que la sustitución trae a los pescadores siendo el caso del mero uno de los más representativos. Y es que esta pesquería, una de las más tradicionales de México y también una de las más solicitadas, “es sustituida por el peor producto que tenemos en el mercado”, dice Terrazas. La experta se refiere al basa. Un producto de acuicultura, importado de vietnam, que permanece congelado mucho tiempo y que es uno de los más baratos. “Ponemos a competir productos de muy diferente calidad y que se pescan con esfuerzos muy diferente, como si fueran lo mismo. Los pescadores salen perdiendo”, señala el estudio. José Luis Carrillo Galaz, vocal financiero del Consejo de Administración de la Confederación Mexicana de Cooperativas Pesqueras y Acuícolas,  explica que “detrás de cada recurso marino hay un plan de aprovechamiento sustentable en el cual se ha invertido tiempo, dinero y esfuerzo. Cuando pagas una especie por otra, pones en riesgo ese gran esfuerzo que afecta en primera instancia a los pescadores”.

Para solucionar el problema, la propuesta de Oceana apunta a la construcción de un marco legal que sancione la sustitución de especies y permita a la autoridades actuar frente a ella;  en segundo lugar enfatiza en la necesidad de generar un mecanismo de trazabilidad que permita rastrear el producto desde el mar hasta el plato; por último propone un mejor etiquetado que le permita al consumidor saber qué está comiendo.

Conapesca señaló que se tomarán medidas en coordinación con las Secretarías de Hacienda y Economía para atender el problema denunciado por Oceana y que se ha convocado a un ordenamiento que iniciará en Mazatlán, al ser este el puerto pesquero más importante del país. El organismo reconoce que la información con la que se cuenta actualmente no es confiable lo que impide la correcta toma de decisiones y que se comenzará a trabajar en un mecanismo de trazabilidad que permita rastrear los productos desde que son pescados hasta que son consumidos. Asegura que no se trata de un proyecto fácil de implementar, debido a que son cientos los puntos de desembarque en todo el país, pero que el trabajo se irá realizando poco a poco de manera a ir creando una estructura de trazabilidad más operativa.

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Raúl Hernández Rivera En el periodismo desde 1966 en Excélsior, y desde 1971 con el tema de comercio exterior en revista Metrópolis 70 (1971-75), periódicos Uno Más Uno (1979), El Financiero (1983-84), Heraldo de México (1986), El Universal (1986-88), El Economista (1989-91), Asociación de Mexicana de Editores de los Estados (1994-97) y Agencia Mexicana de Información (1997-99). Revistas: de la Comisión Nacional Coordinadora de Puertos (de la Secretaría de la Presidencia de la República en 1976, Mi Ciudad (1982). Técnica y Humanismo (CONALEP en 1982); BARLOVENTO, (propia) sobre comercio exterior y Visión (1992-95). Otras actividades: Impartición de seminarios, cursos y conferencias sobre comercio exterior en el CONALEP SECOFI, Escuela Superior de Economía (IPN), Universidad Autónoma del Estado de México, ENEP Aragón y Acatlán Universidad de Colima y Universidad del Nuevo Mundo. Organizador de 36 viajes de prácticas a los principales puertos marítimos mexicanos. Asistencia a más de 20 diplomados sobre temas económico y político. Realización de 17 estudios especializados en materia de comercio exterior conjuntamente con estudiantes: "Ríos navegables en México", "El envase, empaque y embalaje", "Transporte de carga en FF.CC", "El Impacto de las comunicaciones y los transportes en el área de influencia del puerto de Manzanillo", entre otros. Coordinador del 1°, 2° y 3° Diplomado "El Concepto Integral del Comercio Exterior" en las LVI, LVII y LIX Legislaturas de la Cámara de Diputados. Director del Centro Cultural y Artesanal Xochicalco (1999-2001) desde donde se enviaron a Viena, Austria, seis contenedores de 40 toneladas cada uno de artesanías, beneficiando a más de dos mil artesanos mexicanos. Actualmente escribe los libros: Sobre puertos y marina mercante mexicanos, “Barlovento, crónica del saqueo”; “Maltratados por los Tratados mal tratados”. Una crítica mordaz sobre los tratados, convenios y acuerdos que nuestro país ha firmado en su historia, y “Comercialización, la gran ausente en el comercio exterior mexicano” sobre la carencia de una cultura de comercio exterior.

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