Ningún indígena firmó el acta de Independencia de México

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Abrazo de Acatempan, por Jesús Helguera (todos los derechos reservados)

Barlovento

Trigarante

Nota aclaratoria: Columna publicada originalmente en el portal elbarlovento.com.mx el 23 de septiembre del 2010 y en el blog el sábado 13 de octubre del 2012

Por Raúl Hernández Rivera

A Carlota Botey, por su pronta recuperación

Es evidente. El libre comercio, el combate a la corrupción, la cancelación del sistema de flotas para el tráfico marítimo entre la Nueva España y la metrópoli aplicados en 1766 con las “reformas borbónicas” de Carlos III, así como el alza de impuestos al triple, la expulsión de los sacerdotes jesuitas de los territorios del Imperio español y la enajenación de los bienes eclesiásticos en 1804 que afectaban los intereses económicos y comerciales de hacendados criollos, mestizos y curas, fueron las causas que motivaron el alzamiento la madrugada del 16 de septiembre de 1810 en Dolores y no el espíritu de independencia, justicia y libertad con el que arengaron a los indígenas para utilizarlos como carne de cañón para “ir a coger gachupines”, engañado lector.

Agustín de Iturbide (todos los derechos reservados)

Es más, los postulados del Plan de Iguala (las Tres Garantías: “Religión, Independencia y Unión”) pactados por el realista Agustin de Iturbide con el insurgente Vicente Guerrero, fueron dictados desde España en una carta que Fernando VII envía al virrey Juan Ruiz de Apodaca en la que pide “encontrar un hombre popular y con influencia sobre el ejército para que hiciera tratos con los insurgentes”. Iturbide, opuesto a la Constitución de Cádiz (una de las más liberales de su tiempo que proponía establecer en España una monarquía parlamentaria), con el respaldo del los integrantes de la “Conspiración de la Profesa” que preferían el régimen monárquico, propone a Juan de Odonojú el reconocimiento de la Independencia (para “ofrecerlo a Fernando VII, o cualquier otro noble europeo”), por lo que el 28 de septiembre de 1821, los 38 miembros de la Suprema Junta Provisional Gubernativa (entre los cuales no hay un solo insurgente y mucho menos un indígena) e Iturbide, firman el Acta de Independencia del Imperio Mexicano, imperioso lector.

Caída de Constantinopla Todos los derechos reservados

¿De verdad cree usted que los indígenas mexicanos jamás se levantaron o protagonizaron algún hecho libertario en contra del yugo español y tuvo que ser un cura jesuita criollo quien los animara? ¿Cree usted que los indígenas no tenían intereses económicos y comerciales de tamaña envergadura como para luchar por ellos? Deje le cuento. Con la caída de Constantinopla a manos del imperio otomano en 1453, Europa se vio privada de varios productos, principalmente de las especies. Muchos navegantes europeos buscaron una ruta que los llevara a las indias para abastecerse de sus materias primas rodeando el continente africano, pero fue el genovés Cristóbal Colón quien propuso a los brokers de aquel entonces “una ruta más directa” la que fue rechazada por los italianos, más no así por la reina Isabel La Católica. Colón zarpa del puerto de Palos y desembarca el 12 de octubre de 1492 en la isla de Guanahani en el archipiélago de las Bahamas creyendo haber llegado a una isla cercana de la India. El almirante llama a los pobladores de esa isla indios sin imaginar que al hacerlo, se generalizaría a todos los nativos del continente americano que en Canadá fueron casi exterminados bajo el Acta India, en Estados Unidos confinados a “reservaciones” con la Ley del Traslado Indio (Sendero de Lágrimas) y en nuestro país han resistido el genocidio durante más de quinientos años y el olvido total en los costosísimos festejos calderonistas del Bicentenario, olvidado lector.

Vicente Guerrero (todos los derechos reservados)

Del “haiga sido como haiga sido”, al “no importa quién gane sino cómo”, en la administración del presidente Felipe Calderón Hinojosa hay más de 28 mil muertos a manos del crimen organizado, violación sistemática a los derechos humanos, desempleo galopante, 7 millones de ninis, decrecimiento de la economía de -7% en 2009, casi nula exportaciones de productos con mayor integración nacional y sobre todo, la ignorancia supina respecto de la existencia de los 62 pueblos indígenas que conforman más del 11% de la población mexicana, poco más de 12 millones de personas bajo el cobijo del Artículo 2 de la Constitución Política de México, pero, curiosamente con el estigma hasta la fecha, de “la supresión de las diferencias étnicas entre los habitantes” de la hasta entonces Nueva España, una de las tres garantías con las que se pronuncia el “Plan de Iguala” proclamado por Agustin de Iturbide y Vicente Guerrero el 24 de febrero de 1821 y con el que supuestamente se declara la independencia de México, independiente lector.

Miguel Hidalgo y Costilla (todos los derechos reservados)

Está visto que no fueron los sentimientos de independencia, justicia y libertad a favor de habitantes principalmente indígenas del territorio que ocupaba la Nueva España, los que motivaron el movimiento insurgente de 1810, repito. Fueron más bien, los intereses económicos y de libre comercio las razones fundamentales de esa “gesta heroica”, pues Agustin de Iturbide, militante del ejército realista, aseguraba que “sólo descabezando al movimiento insurgente podría negociarse la paz y restaurar las transacciones comerciales”. Opositor a la Constitución de Cádiz, (que le dió nombre en 1813 al Zócalo de la Ciudad de México) al ser designado desde España comandante para combatir a Vicente Guerrero (que avanzaba con los rebeldes en la Sierra Madre del Sur) en el marco del Trienio Liberal, decidió pactar con las fuerzas insurgentes y proclamar el Plan de Iguala bajo tres principios fundamentales: 1.- Establecer la Independencia de México con relación a España. 2.- Establecer la Religión Católica como única y 3.- Establecer la unión de todos los grupos sociales, gatopardo lector.

Entrada del Ejército Trigarante a la Cd. de México (todos los derechos reservados)

Esos tres principios (Religión, Independencia y Unión), se convertirían en las Tres Garantías base del ejército (Ejército Trigarante) que sustentaría al gobierno que adoptaría como nación independiente, el de una monarquía moderada, cuya corona sería otorgada a Fernando VII (miembro de la Casa de los Borbones), o en su defecto a otro príncipe europeo. El plan suprimía las distinciones étnicas entre los habitantes de la Nueva España, declaraba igualdad de todos los individuos quienes tendrían, por lo tanto, los mismos derechos. Obviamente, al frente del Ejército Trigarante, estaría Agustin Cosme Damián de Iturbide y Arámburu, trigarante lector.

María Ignacia Javiera Rafaela Agustina Feliciana Rodríguez de Velasco y Osorio Barba (todos los derechos reservados)

Luego de un desayuno en la Hacienda de Los Morales con el último virrey de la Nueva España, Juan de Odonojú, y con la pequeña ayuda de su novie María Ignacia Javiera Rafaela Agustina Feliciana Rodríguez de Velasco y Osorio Barba, mejor conocida como la Güera Rodríguez (quien tuvo acceso a la carta que Fernando VII envió al virrey Apodaca en 1820 proponiéndole encontrar un hombre popular y con influencia sobre el ejército para que negociara con los insurgentes y de la que se desprenden los principios del Plan de Iguala), Iturbide acuerda traer a Fernando VII para ofrecerle el trono del nuevo imperio y aceptar a nombre del pueblo de México, las indemnizaciones que pagaríamos (en abonos fáciles y módicos intereses) al reino de España. Así, en agosto de 1821 Iturbide y Odonojú firman los Tratados de Córdoba y posteriormente el Acta de Independencia del Imperio Mexicano para restablecer a la brevedad las condiciones monopólicas en el intercambio comercial con España que habían sido afectadas por las reformas borbóbnicas (véase también: Reformas Borbónicas en la Nueva España) de Carlos III y despertado un espíritu de rebeldía desde 1766 con el aumento de los impuestos al triple y la real cédula de 1804 sobre la enajenación de bienes raíces de las corporaciones eclesiásticas entre otras medidas, que desataron reacciones violentas contra la corona española, eclesiástico lector.

Acta de Independencia del Imperio Mexicano 1821

Algunas preguntas debemos plantear en lo que respecta a la “Independencia de México”: ¿Por qué son curas, hacendados y comerciantes los principales cabecillas del movimiento insurgente mexicano? y ¿por qué en el Acta de Independencia no aparece firma alguna, ya no digamos de algún líder indígena maya, purépecha o zapoteco, sino de algún líder independentista? Las respuestas son simples: los criollos, mestizos, mulatos, zambos tenían acceso a las pingües ganancias del “intercambio” comercial con España, pero no al poder en ningún nivel de gobierno de la Nueva España. Los curas, incluyendo los jesuitas, estaban a cargo de la educación en toda la colonia, pero era un cura español el que estaba al frente de las universidades. Hidalgo era interino de la Nicolaíta en Valladolid (hoy Morelia). Ese estaba reservado para los españoles peninsulares. Cada título o nombramiento en la Nueva España que ordenaba el rey, tenía que ser avalado por el Vaticano. Otra respuesta son los 12 millones de pesos recaudados por la Corona de septiembre de 1805 a enero de 1809 y que representa el 70 % de lo recaudado en todo el imperio hispanoamericano mediante las mentadas Reformas Borbónicas, emancipado lector.

Fray Bartolomé de las Casas (todos los derechos reservados)

Realmente no hubo tal liberación del pueblo indígena principalmente con el Grito de Dolores. Ni antes ni después, los indígenas se vieron beneficiados. Hidalgo abrió las cárceles y abolió la esclavitud con el fin de conformar un ejército con el que se “cogieran y mataran gachupines”. Siempre fueron, han sido, explotados, masacrados, humillados y estás no fueron, ni han sido, las razones principales de la lucha de Independencia ni mucho menos de la Revolución a pesar de ser los herederos naturales de todas las riquezas y propiedades del territorio nacional. A principios del siglo XIX, la aplicación de la cédula borbónica, aparte de provocar una severa crisis de capital, resquebrajó considerablemente las relaciones entre la iglesia y el Estado. Las reformas Borbónicas también afectaron al Consulado de Comerciantes de la Ciudad de México, la corporación que había acaparado el comercio exterior e interior del virreinato por medio del sistema de flotas y del control de los puertos, perdió su enorme monopolio con la expedición de las leyes sobre la libertad de comercio. Al mismo tiempo, la supresión de los alcaldes mayores, agentes comerciales del Consulado en los municipios del país y en las zonas indígenas, acabó con la red de comercialización interna y rompió el lazo político que permitía a los comerciantes de la capital controlar los productos indígenas de mayor demanda en el mercado exterior e interior, acaparado lector.

Nao de China. Mercaderes (todos los derechos reservados)

El Consulado de Comerciantes de la Ciudad de México, fue el ente que sustituyó a la organización nativa de la Nueva España en la operación de la Nao de China, monopolizando el comercio interior y exterior del virreinato de la Nueva España desde que el 11 de enero de 1593, el rey Felipe II prohibiera la actividad comercial y marítima de los mexicanos, indígenas, criollos y mestizos frete al auge del comercio entre Holanda, Francia y resto de Europa y los países de Oriente, hasta que en 1813 José María Morelos tomó el puerto de Acapulco suprimiendo el comercio del Galeón de Manila que dejó de navegar en 1815, desorientado lector.

El Parián de la Cd de México (todos los derechos reservados)

Al parecer los reformadores borbónicos, encabezados por José de Gálvez, no tenían una visión completa del funcionamiento del sistema económico en la Nueva España. Aunque es cierto que muchos alcaldes mayores eran corruptos y abusaban de su autoridad, el repartimiento del comercio era mucho más que un mero mecanismo de explotación; constituía el más importante sistema de crédito para las comunidades indígenas y los pequeños agricultores. Los alcaldes mayores se beneficiaban porque proporcionaban a crédito servicios necesarios: distribuían semillas, herramientas y otros bienes agrícolas básicos; facilitaban la compra o la venta de ganado, y con frecuencia vendían los productos de algunos grupos que quizá no hubieran encontrado otra forma de colocar su producción. Ser arriero, como José María Morelos, era como un Isidoro Rodríguez Ruiz de hoy; tener una recua de 100 mulas, era como tener 100 tráilers de esos que Estados Unidos no deja entrar a su territorio violando el TLCAN. Y es que las comunicaciones y los transportes en la Nueva España estaban muy atrasados. Pese a que en 1778 por ejemplo, la flota del almirante Ulloa movió mercancía (oro, plata, bronce, diversos productos naturales y loza de China) con valor aproximado de 22’323,943.41 pesos hacia España (según el libro de Vicente E. Manero “Comercio Exterior de México” publicado en 1879), no se invertía en la construcción de caminos, por lo que la mula era fundamental. Todo esto fue interrumpido con el decreto que suprimía las funciones de los alcaldes mayores, intermediario lector.

“Tianguis de Tlatelolco” de Diego Rivera (todos los derechos reservados)

Era (es) un saqueo del territorio mexicano y explotación de los naturales. No obstante la capacidad creativa de los indígenas mexicanos, su enorme riqueza cultural, su potencial de trabajo y su gran habilidad para el comercio, los conquistadores europeos los calificaron menos que animales. Llegaron a afirmar que, como carecían de alma, no podían ser evangelizados. En una contradicción tremenda, Bernal Díaz del Castillo describe un día de Tianguis en Tlatelolco cuando los españoles suben por primera vez al Tempo Mayor: “Y después de bien mirado y considerado todo lo que habíamos visto, tornamos a ver la gran plaza y la multitud de la gente que en ella había, unos comprando, otros vendiendo, y el rumor y zumbido de voces y palabras que allí había sonaba más que de una lengua y entre nosotros hubo soldados que habían estado en muchas partes del mundo, y en Constantinopla, y en toda Italia y Roma, y dijeron que plaza tan bien acompasada y con tanto concierto y tamaña y llena de gente no habían visto”. Aun ahora, la mayoría de los mexicanos complementa o sustenta sus gastos en el comercio, de productos muchas veces elaborados por él mismo, asombrado lector.

Rebelión de los Coras el 1 de octubre de 1734 (todos los derechos reservados)

Ayer como ahora, olvidamos a los indígenas quienes no aceptaron sumisamente la autoridad de la Nueva España y el predominio blanco y mestizo sobre sus tierras. No conmemoramos las heroicas y numerosísimas rebeliones emprendidas por los yaquis (1740, 1767), mixes (1570), mayas (1712, 1761), rarámuris (1690, 1698), zapotecos (1660, 1770). Nadie, mucho menos el iletrado primer mandatario, mencionó la Rebelión de los Pericúes o Coras habitantes del sur de la Península de Baja California, en contra de los frailes jesuitas, exploradores y marineros de los galeones de Manila el 1 de octubre de 1734. Tampoco se mencionó a Jacinto Canek, indio maya de raza pura que el 19 de noviembre de 1761 tras unas festividades populares en el poblado de Cisteil incitó desde el púlpito de la iglesia a los indígenas a levantarse en contra de los españoles por el mal trato, explotación y condiciones denigrantes en las que vivían los naturales como el “derecho de pernada” que aún ahora se practica en algunas rancherías alejadas de las cabeceras municipales. Canek dijo a los suyos: “Hijos míos muy amados: no se que esperáis para sacudir el pesado yugo y servidumbre trabajosa en que os ha puesto la sujeción de los españoles; yo he caminado por toda la provincia y registrado todos sus pueblos, y considerado con atención qué utilidad o beneficio nos trae la sujeción de España… no hallo otra cosa que una penosa servidumbre”. Fue apresado, torturado cruelmente y ejecutado el 14 de diciembre de 1761, y ni una foto o su nombre se han colocado en la columna de la Independencia, liberado lector.

Quién se acuerda del guerrero mexica Acualmetztli (1520 1542), quien se rebela en contra de los españoles luego de que su padre murió combatiendo estoicamente y su madre, por ofender a soldados españoles que querían violarla, fue mutilada de las orejas y torturada muriendo en consecuencia. O de Francisco Tenamaztle en Guerra de Mixtón (1540 – 1551), de la Guerra Chichimeca (1546 – 1551), de Nachi Cocom (¿? – 1562), de Rebelión Tzeltal de 1712, o de la Rebelión de los guamares (1562 – 1568) y más, muchos más hermanos indígenas con enorme talento y sensibilidad artística que puede comprobarse en su historia, vestido, comida, música y productos artesanales, pero que emigran hoy al carecer de oportunidades en su territorio y que van a subsidiar ( igual desde hace más de 500 años) el agro del país más poderoso del mundo con su trabajo muy mal pagado. En el colmo, nuestras autoridades no denuncian los productos agrícolas importados a México de su principal socio comercial, producidos bajo esas condiciones superventajosas ante la OMC. En 2008, las remesas que enviaron los indocumentados a nuestro país sumaron más de 24 mil millones de dólares, que significan aproximadamente el 10% de lo que perciben por su trabajo en los Estados Unidos, pues deben pagar vivienda, seguro social aunque no pueden usarlo, alimento y vestido… y los salarios que perciben se calcula que es la tercera parte de lo que el empleador tendría que pagar, (240,000 millones de dólares x tres) por lo que México no sólo pierde fuerza laboral increíblemente valiosa, si no que va perdiendo poco a poco ese gran tesoro cultural, despojado lector.

Instalaciones de ICAVE, puerto de Veracruz

 

Por otro lado, ayer como ahora exportar artesanías tiene mayores beneficios que la “exportación de un automóvil” por el grado de integración nacional. Empresas como Ford, GMC, Nissan o Volks Wagen, destinan no más del 3% de su presupuesto anual para salarios, la mayor cantidad de integración de cada vehículo es de origen extranjero ya sea tecnológico o físico por lo que está más bien dentro de la denominación de maquila como actividad económica que como exportación. Sin embargo, ayer como ahora los diferentes gobiernos de México, han dado mucha importancia a la instalación de ese tipo de plantas industriales otorgando exención de impuestos, subsidios en el suministro de energía eléctrica y menos apoyo a las artesanías, básicamente porque la venta de cada automóvil en territorio nacional le reporta al fisco casi el 50% del valor total del vehículo y la ignorancia del impacto positivo en la preservación de la cultura, bienestar de la población indígena y beneficio económico, beneficiado lector.

Ofrenda de muertos con artesanías de diferentes pueblos de México

Volviendo al asunto, la participación indígena fue muy importante para la Independencia de México al igual que lo fue en la Revolución de 1910. Pese a ello, tanto esta como aquella no supusieron grandes cambios para la aún entonces mayoría indígena de México. Con las Tres Garantias pendiendo sobre sus cabezas (incluso ahora, con la pretensión de los panistas de cambiar el nombre al país), enfrentaron la imposición del español en todos los asuntos públicos, acompañado de la obligatoriedad de la escuela primaria en idioma español para toda la población. Fue el cambio más trascendental para los indios. Los procesos liberalizadores implicaron un nuevo golpe a la vida tradicional indígena, al eliminar los cabildos indígenas regidos por los usos y costumbres y las parcelas comunales, que fueron privatizadas y pasaron a manos de caciques locales. Esto empeoró aún más las condiciones de vida indígenas y los obligó en muchos casos a trabajar como semiesclavos para los nuevos amos, después de que con Porfirio Díaz se festejara su cumpleaños cambiando la fecha del centenario de la Independencia, semiesclavo lector.

Puerto de Veracruz en 1615

Tenemos algunos datos: de 1521 hasta el establecimiento de flotas en 1562 es poco el material de análisis de la importación y exportación de la Nueva España. Según las cifras que consigna Vicente E. Manero en su libro ya citado líneas arriba, en 1536 llegaron al puerto de Veracruz procedentes de los puertos de Sevilla y Cádiz, entre 25 y 30 embarcaciones además de las de Cortés Garay y Nuñez, incluso, los siguientes 25 años el movimiento mercantil fue menos importante por “la vida semisalvaje que entonces se llevaba. Sin embargo, la etapa de 215 años que siguió al sistema de flotas hasta 1777 en que llegó el último convoy marítimo, arribaron al puerto jarocho hoy bajo las aguas de las intensas lluvias, quince flotas de 1565 a 1600. Durante el Siglo XVII arribaron sesenta y seis flotas de de 1601 a 1699. En el siguiente siglo llegaron veinte flotas de 1706 a 1720, incluso se estableció la feria de Jalapa a la que concurrieron tres diputados por el comercio de España y otros cuatro por el de la Nueva España. Es de aclarase que la representación proporcional en el congreso español con la pretendida Constitución de Cádiz, también provocó conflicto, pues había más población en la Nueva España que hacían mayoría, que la existente en España misma, desproporcionado lector.

Galeón español en Filipinas

De 1723 a 1736 se interrumpieron los viajes debido a las guerras con Inglaterra y en su lugar llegaban los “registros” en su mayor parte con banderas neutrales eventualmente se agregaban buques de guerra, consigna Madero, que conducían el azogue del Real Erario. Para 1749 se restablecieron los viajes sumando 101 al terminar 1776 año en que aún se celebró la feria de Jalapa para la venta de esas mercancías. Destaca la flota de 1772 por las 2,653 toneladas y el aumento progresivo hasta la de 1776 que condujo 8,176 toneladas. En total de las 17 flotas sumó 83,714 toneladas que transportaron plata y oro acuñados y labrados, grana fina y silvestre, añil vainilla, purga de Jalapa, algodón, azúcar, cueros curtidos, copal, cueros al pelo, palo de tinte, achiote, cacao Soconusco, goma, harina, lentejas, garbanza, haba, alverjón, frijol, azufre, almagre, jerga, loza de Guadalajara, tísar, cordobanes, tablones de varias maderas, cacao Tabasco, de Guayaquil, algodón en rama, lana sucia y algunos más artículos de particulares, basto lector.

Doblones de oro

Por cuenta de la corona española, se llevaron plata y oro acuñado, muestras de moneda y alhajas, cobre, cacao, chocolate, polvito de piñol, vainilla, palo de tinte, gargaña, cebadilla, bálsamo, tacomaca, loza de China, cuchillo de cacha de plata, zarzaparrilla, caray, búcaro. De Cádiz a Veracruz cargaron azogue, cañones de bronce de 24 y 16, granadas, balas, piedras de chispa para fusil y pistola. De particulares trajeron fierro en barras, labrado, clavazón, largo, en herraje y planchuela, acero, alambre, hoja de lata, papel, cera, canela, pimienta, presillas, bramantes crudos, crehuelas, listados, hilo acarreto, libros, medicina, vino, aguardiente, vinagre, aceite y ropa en tercios. Además pólvora, espadas, sierras braceras y maneras, serruchos, limas, cepillos, barrenas, compases, fardos de bulas para el arzobispado de México y obispos de puebla y Yucatán, herramienta para herrería, plomadas y cucharas de albañil, plumas de escribir, incienso y azafrán, misceláneo lector.

Constitución de Cádiz

El total de los 13 años transcurridos de 1766 a 1778 en que concluyó el sistema de flotas, salieron de Veracruz rumbo a España y varios puntos de América, un total de 155’160,564 pesos en metales preciosos y frutos, tanto por cuenta del Rey como de particulares. De todos estos datos, concluye Madero, resultan dos hechos con lo que se aprecia el verdadero valor del movimiento mercantil entre la Colonia y España: primero que la cantidad de mercancías despachadas anualmente de España a México era muy mezquina puesto que las cuatro flotas que arribaron a Veracruz los primeros veinte años, no rebasaban las 8,500 toneladas, la mayor parte de ellas con efectos de muy poco valor, y segundo que a pesar del aumento progresivo del comercio, el valor de la importación en los últimos trece años de ese periodo no excedía los cinco millones de pesos, mientras que la exportación en metales y frutos en el mismo tiempo, sumó más de doce millones de pesos, saqueado lector.

Puerto de Sevilla en el Siglo XVI

En el último tercio del siglo pasado, cita Madero en 1878, “y ya regularizada la sociedad en la Colonia, el exceso de la exportación sobre la importación era mucho menor de lo que había sido en años anteriores y la verdad que al considerar lo desventajoso que era para este país aquel comercio, solo las grandes riquezas que encerraba en su propio suelo, pueden explicar cómo no quedó completamente arruinado un pueblo del que se extraía anualmente una mitad del valor total de la exportación sin darle nada a cambio”, concluye. Hoy, Vicente Madero se iría de espaldas al saber que las nuevas generaciones de mestizos y criollos, acabaron con el petróleo, importamos la mayor parte del maíz, leche, frijol, arroz que consumimos; el desarrollo tecnológico es muy escaso, el nivel de la calidad de la educación es deplorable y nuestra ignorancia del gran tesoro cultural que tenemos aún en los 62 pueblos indígenas que resisten la suplirá el olvido… al parecer, siguen vigentes las Tras Garantías. Baste contar el total de las páginas de los libros de texto gratuitos de la educación primaria y secundaria en donde se mencionan esas nuestras culturas étnicas; ¿me creería que no pasan de 100 en todos los textos juntos? Sin embargo es posible que usted no se conmueva al saber del suicidio colectivo de los mixes en 1570 que eran perseguidos en la Sierra Mixe al norte de Oaxaca por los españoles para ser sometidos y que al llegar a un despeñadero, los conquistadores creyendo que los tenían acorralados se burlaron. Su cara cambió cuando vieron que todo ese pueblo se tiraba al vacio prefiriendo morir que ser esclavizados, asimilados, “integrados”. Y qué me diría del suicidio colectivo de los 107 kiliwa existentes el día de hoy que ante la discriminación, maltrato y despojo de que son objeto, han hecho un pacto de muerte dentro de su comunidad; este pacto declara que ninguna mujer kiliwa traerá un solo hijo más al mundo, acabando así con su sufrimiento para siempre, asimilado lector.

Por cierto ¿vio alguien a los Voladores de Papantla en los festejos del Zócalo?, o ¿las alfombras de flores de Tlaxcala? ¿y los “ojos de Dios” huicholes?

Hasta la próxima con más del Concepto Integral del Comercio Exterior elbarlovento@gmail.com

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Raúl Hernández Rivera En el periodismo desde 1966 en Excélsior, y desde 1971 con el tema de comercio exterior en revista Metrópolis 70 (1971-75), periódicos Uno Más Uno (1979), El Financiero (1983-84), Heraldo de México (1986), El Universal (1986-88), El Economista (1989-91), Asociación de Mexicana de Editores de los Estados (1994-97) y Agencia Mexicana de Información (1997-99). Revistas: de la Comisión Nacional Coordinadora de Puertos (de la Secretaría de la Presidencia de la República en 1976, Mi Ciudad (1982). Técnica y Humanismo (CONALEP en 1982); BARLOVENTO, (propia) sobre comercio exterior y Visión (1992-95). Otras actividades: Impartición de seminarios, cursos y conferencias sobre comercio exterior en el CONALEP SECOFI, Escuela Superior de Economía (IPN), Universidad Autónoma del Estado de México, ENEP Aragón y Acatlán Universidad de Colima y Universidad del Nuevo Mundo. Organizador de 36 viajes de prácticas a los principales puertos marítimos mexicanos. Asistencia a más de 20 diplomados sobre temas económico y político. Realización de 17 estudios especializados en materia de comercio exterior conjuntamente con estudiantes: "Ríos navegables en México", "El envase, empaque y embalaje", "Transporte de carga en FF.CC", "El Impacto de las comunicaciones y los transportes en el área de influencia del puerto de Manzanillo", entre otros. Coordinador del 1°, 2° y 3° Diplomado "El Concepto Integral del Comercio Exterior" en las LVI, LVII y LIX Legislaturas de la Cámara de Diputados. Director del Centro Cultural y Artesanal Xochicalco (1999-2001) desde donde se enviaron a Viena, Austria, seis contenedores de 40 toneladas cada uno de artesanías, beneficiando a más de dos mil artesanos mexicanos. Actualmente escribe los libros: Sobre puertos y marina mercante mexicanos, “Barlovento, crónica del saqueo”; “Maltratados por los Tratados mal tratados”. Una crítica mordaz sobre los tratados, convenios y acuerdos que nuestro país ha firmado en su historia, y “Comercialización, la gran ausente en el comercio exterior mexicano” sobre la carencia de una cultura de comercio exterior.

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