Maltratados por los Tratados mal tratados

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Columna publicada el 3 de febrero del 2010 en el portal www.elbarlovento.com.mx, y el 20 de julio del 2013, en https://elbarloventocomercioexterior.blogspot.com/

Barlovento

Maltratados

Por Raúl Hernández R.

Entre tratados te veas… Y es que la verdad que da muina la actitud servil del presidente de México que en forma mansa y cobarde acepta todo lo que el gobierno de Estados Unidos le impone. Mire que malbaratar el patrimonio nacional y prometer respetar y hacer respetar el Tratado… Claro, su idea: sacar unos pesos y, a falta de legitimidad, mantenerse en el poder a toda costa. A pesar de ver que el pueblo demuestra estar dispuesto a luchar hasta la muerte por defender su soberanía, maltratado lector.

Me refiero a Antonio López de Santa Ana, por supuesto. Resulta que hace 160 años el gobierno de México firma con el de Estados Unidos, el Tratado Guadalupe Hidalgo (Treaty of Guadalupe Hidalgo) con el que se da fin a la guerra con los queridos primos y con el que México cede la mitad de su territorio que comprenden hoy los estados de California, Arizona, Nevada y… ¡Utah!, así como parte de Colorado, Nuevo México y Wyoming, a cambio de 15 millones de dólares (algo así como 320 millones de dólares actuales. ¡Vamos, cien más de lo que le encontraron al chino), malbaratado lector.

 

Con esa “diplomática manera” de negociar que tienen nuestros amistosos vecinos de “si no coopelas, cuello”, ya parece que el presidente de México va a mandar a las fuerzas armadas para defender a la patria. El ejército con trabajos puede sostener al mandatario ilegítimo que con torpe, ineficaz y pueril política migratoria, pretende resolver los graves problemas de miles de mexicanos y que al contrario, da origen al conflicto. Claro que me sigo refiriendo a Don Antonio López de Santa Ana, malpensado lector.

Muchos mexicanos que habían sido derrotados en Coyoacán, amigos de John Riley, el comandante católico irlandés del Batallón de San Patricio, trabados de rabia, vieron hondear la bandera de las barras y

las estrellas en el Zócalo, (ahí donde Marcelo instaló la pista de hielo disque más grande del mundo), mientras que los padres de “decentes” y “bien acomodadas” familias mexicanas ofrecían fiestas de gala a los oficiales gringos para presentarles a las hijas “en edad de merecer”, en la calle, la tropa de los güeritos se dedicaba a saquear domicilios de familias humildes, de gente de pueblo que había combatido valientemente; violar a mujeres y matar a todos los que se pararan en frente; incluso, a jugar al “tiro al blanco” con el Calendario Azteca, por eso a Tonatiuh le falta la nariz. Que conste que sigo hablando de la Intervención Norteamericana de 1847, malagradecido lector.

La historia nos enseña, pero no aprendemos. Afortunadamente el pueblo, la raza, los de abajo, son valientes. Esos si se manifiestan, protestan y hasta han llegado a apedrear al gobernante que obedece al pie de la letra los dictados de los españoles que quieren llevarse nuestras riquezas y lo obligan a hacer el ridículo ante sus gobernados en plena plaza pública. Me refiero esta vez a Moctezuma, que, obligado por Hernán Cortés, arenga al pueblo y éste le contesta con pedradas, malacostumbrado lector.

Por desgracia, en busca de legitimidad y con el fin de aminorar las divisiones internas producto de elecciones poco democráticas, el presidente de México trata de conseguir el reconocimiento de su gobierno ante gobiernos extranjeros. Asunto prioritario para evitar la constante amenaza de conflicto con inversionistas por el respeto al Artículo 27 Constitucional que exige su adversario político. La influencia nacionalista del opositor que pretende romper toda dependencia económica con el extranjero es fuerte. Dada la situación del país, el presidente de México considera que son necesarias las inversiones extranjeras para reconstruir la economía y crear empleos, por lo que es calificado de traidor. Me refiero, claro, a Álvaro Obregón, que firma el 13 de agosto de 1923 los Tratados de Bucareli. Una de las cláusulas disque prohíbe a nuestro país inventar, fabricar o producir maquinaria pesada y prácticamente cualquier cosa durante 20 años, para “compensar” los daños causados a Estados Unidos durante la Revolución Mexicana, malobrado lector.

Y mire que es una constante del presidente de México, el de ser “candil de la calle y oscuridad en su casa”. Mandar reprimir a periodistas y medios de información libres, hostigar a opositores, incluso mandar matar a estudiantes, con tal de que el socialismo, “el peligro para México” quede anulado. Siempre con el apoyo y beneplácito de los vecinos del norte. Si, ya sabe usted a quien me refiero, a Gustavo Díaz Ordaz, quien para cubrir las apariencias y “ante el temor generado por la “Crisis de los Misiles” propone el Tratado de Tlatelolco hace 41 años. La preparación del texto fue encomendada a la Comisión Preparatoria para la Desnuclearización de América Latina (COPREDAL), con lo que deja afuera al país y sociedad más armados de globo terráqueo: EU. El Tratado que firman 33 países latinoamericanos, entró en vigencia el 25 de abril de 1969, siete meses después de la “Matanza de Tlatelolco”, malagueño lector.

El presidente de México que pierde las elecciones, hace fraude y gana la presidencia, tiene que buscar legitimarse a toda costa. Utiliza a las fuerzas armadas para sostenerse en el poder y es capaz de vender al país entero para pagar facturas por el apoyo político que le ofrecen los vendepatrias. Perverso de mal gusto (como si hubiera perversos de buen gusto) pasa por encima de quien sea, incluso de su propio partido, para conseguir el poder. Se dice que su programa de gobierno atraerá inversiones y muchos, pero muchos empleos. Es seguro que ya para estas alturas, usted sabe a quién me refiero. ¡Le atinó! A Carlos Salinas de Gortari, más conocido en el bajo mundo como “el innombrable”. Ese señor que se parecía mucho al comediante de las películas mudas que algunas veces salía con el Gordo y el Flaco. ¡Ese mero! El mismo que nos endilgó el Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN para los cuates), y que perversamente se ha ido metiendo, poco a poco, sangrando muy lentamente a los mexicanos, malsonante lector.

Y qué decir del panista quien por conseguir el reconocimiento de los vecinos del norte para avalar sus tranzas y las de su familia y cubrir su mal gobierno, negoció con los gobiernos de Estados Unidos y Canadá el “Segurity and Prosperity Partnership of North America” (ASPAN) con la sustitución de las monedas de los tres países por el “Amero”, obedeciendo dócilmente a Bush. Algo del que nadie o casi nadie habla abiertamente en ninguna de las tres naciones. Me refiero a Fox (un maestro en la Secundaria 55 dijo de un alumno abusivo y tonto: “pájaros azules y bermejos, entre más grandes… más azules), quien pactó dicho acuerdo a mediados del 2005, poco después del famoso “comes y te vas”, malrecordado lector.

La verdad es que los mexicanos hemos sido maltratados con Tratados muy mal tratados. Desventajosos para la mayoría de los habitantes de este pródigo país. No hay un solo tratado en toda la historia de México que haya beneficiado a la mayoría de los mexicanos (si sabe de uno, me avisa, plis). Al contrario. Y ya sabemos que el “hijo desobediente” ha negociado lo que queda de PEMEX, la energía eléctrica, las costas, los puertos y casi todas las comunicaciones y los transportes, incluyendo medios de comunicación masivos dentro de un paquete heredado llamado Acuerdo de Acción sobre la Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte, o sea el ASPAN corregido y aumentado. En pocas palabras, todo lo que los tratados de los presidentes de México anteriores le dejaron. Por lo pronto, ya comenzó a quitar garantías individuales entre otras cosas. Y ahora si me estoy refiriendo (en estos momentos me pongo muy respetuosamente de pie) a Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, quien hará todo lo que le digan y ordenen para legitimarse, o al menos, para mantenerse en el poder, malcriado lector.

En fin… y por el aguante de haber leído hasta aquí y para que no diga que puras cosas malas le platico, le adjunto los textos de los Tratados de Guadalupe Hidalgo y de Bucareli. De nada, malapreciado lector.

 

Hasta la próxima, con más del Concepto Integral del Comercio Exterior. elbarlovento@gmail.com

 

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Raúl Hernández Rivera En el periodismo desde 1966 en Excélsior, y desde 1971 con el tema de comercio exterior en revista Metrópolis 70 (1971-75), periódicos Uno Más Uno (1979), El Financiero (1983-84), Heraldo de México (1986), El Universal (1986-88), El Economista (1989-91), Asociación de Mexicana de Editores de los Estados (1994-97) y Agencia Mexicana de Información (1997-99). Revistas: de la Comisión Nacional Coordinadora de Puertos (de la Secretaría de la Presidencia de la República en 1976, Mi Ciudad (1982). Técnica y Humanismo (CONALEP en 1982); BARLOVENTO, (propia) sobre comercio exterior y Visión (1992-95). Otras actividades: Impartición de seminarios, cursos y conferencias sobre comercio exterior en el CONALEP SECOFI, Escuela Superior de Economía (IPN), Universidad Autónoma del Estado de México, ENEP Aragón y Acatlán Universidad de Colima y Universidad del Nuevo Mundo. Organizador de 36 viajes de prácticas a los principales puertos marítimos mexicanos. Asistencia a más de 20 diplomados sobre temas económico y político. Realización de 17 estudios especializados en materia de comercio exterior conjuntamente con estudiantes: "Ríos navegables en México", "El envase, empaque y embalaje", "Transporte de carga en FF.CC", "El Impacto de las comunicaciones y los transportes en el área de influencia del puerto de Manzanillo", entre otros. Coordinador del 1°, 2° y 3° Diplomado "El Concepto Integral del Comercio Exterior" en las LVI, LVII y LIX Legislaturas de la Cámara de Diputados. Director del Centro Cultural y Artesanal Xochicalco (1999-2001) desde donde se enviaron a Viena, Austria, seis contenedores de 40 toneladas cada uno de artesanías, beneficiando a más de dos mil artesanos mexicanos. Actualmente escribe los libros: Sobre puertos y marina mercante mexicanos, “Barlovento, crónica del saqueo”; “Maltratados por los Tratados mal tratados”. Una crítica mordaz sobre los tratados, convenios y acuerdos que nuestro país ha firmado en su historia, y “Comercialización, la gran ausente en el comercio exterior mexicano” sobre la carencia de una cultura de comercio exterior.

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