La pelea contra el tiempo

Parece que estamos en una pelea contra el tiempo que nos impide pensar, como al iraní que disparó sin mucho pensar un misil al avión ucraniano

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Almería, España, a 16 de enero del 2020.- Este año se conmemora el quinto Centenario de la primera Circunnavegación del Globo, una expedición auspiciada por la Corona española, iniciada por Magallanes y completada por Juan Sebastián Elcano, el navegante español nacido en Guetaria al que la Marina honró en 1928 al poner su nombre al buque escuela donde se cuaja la vocación de marino. Un viaje de ida a las Molucas a través de lo desconocido y una vuelta a Sevilla por lo conocido, la constatación de la primera globalización, la geográfica, que demostró las creencias de unos con los hechos de otros. Una primera globalización donde la mar tuvo una importancia capital por ser camino para creer en la universalidad, nunca barrera para la imaginación y motivo para buscar verdades que está ahí y que, con el tiempo, el ser humano encuentra.

A esa globalización le siguieron otras que tuvieron su esencia en la cultura, la economía, la sociedad, la tecnología, etc. La cultural, propiciada por la expansión del pensamiento y de la ciencia en conventos, reducciones y universidades. La económica, armada sobre vínculos comerciales entre naciones y colonias a través del Atlántico, líneas de comunicación marítima con la India por el cabo de Buena Esperanza o la ruta del tornaviaje que abrió el agustino español Andrés de Urdaneta para unir las Filipinas con Acapulco. Y la social que puso en contacto a pueblos distintos y que España llevó a su mejor expresión de integración: el mestizaje; una genuina e igualitaria manera de entender que los contrastes enriquecen cuando se respetan las formas de vida. Combatir a las culturas empobrece. Entender la ajena y defender la propia enriquece.

Para completar el puzzle, la globalización tecnológica y la cibernética. La primera hizo posible el desarrollo de los medios de comunicación, facilitó disponer de información sobre lo que sucede en todo el mundo, la circulación de bienes que hizo interdependientes a las economías locales y una movilidad geográfica sin precedentes. En fin, que redujo distancias y comprimió el tiempo. La segunda, la cibernética, aunó el conocimiento humano en un mismo lugar que se da por llamar: espacio virtual; y que define en dos palabras lo que es difícil de explicar, pero que es fácil de percibir. Un ¿que-se-yo? que nos parece un universo vacío pero que nos permite navegar para hacer nuevos descubrimientos, al igual que nuestros antepasados hicieron por la mar. Una forma de soñar, que es tener fe para descubrir, la manera de dar la razón a las ilusiones.

Sea como fuere, esas formas de globalización parece que necesitan alejarse de la tierra, hacerse virtualmente a la mar, ya sea para llenar la mente de conocimiento, encontrar nuevos horizontes o sustentar con la experiencia lo que antes fue solamente una creencia. La fe siempre va por delante de la razón. Hasta en la manera de hablar aparecen vocablos que sirven para refrendar que esas formas de globalización tienen un algo común: navegar; ya sea por un mar desconocido, por la mente ignota del conocimiento o por la maraña de esa red que se llama Internet. Nada puede extrañar, por tanto, que me aventure a llamar marítimo al siglo XXI porque consolida, a cada paso, esa forma de ver el mundo como un todo, único, integral y libre, de la misma manera que los descubridores del siglo XVI vieron la mar y que las potencias globales redescubren para sostener sus nuevos imperios.

Dicho lo dicho, si hay algo común en todas las formas de globalización, también hay un factor diferenciador de todas ellas: el manejo del tiempo. Mientras que la globalización geográfica de Elcano se hizo sin premura, el tiempo empezó a contar para la económica, tanto así que se establecieron carreras, como la del té, para ser los primeros en hacerse con los mercados. Ni que decir tiene que el tiempo se convirtió en elemento esencial de la globalización tecnológica y, a más y más, en la cibernética, donde la celeridad en la toma de decisiones es un requisito y hace considerar la Inteligencia Artificial como ayuda al ser humano a pensar.

Parece que estamos en una pelea continua contra el tiempo que nos impide pensar, como al iraní que disparó sin mucho pensar un misil al avión ucraniano. Así que hoy paré el reloj, leí, dejé pasar el tiempo, ligué ideas y soñé con lo desconocido, una manera de volver a la mar donde se piensa todo lo que se hace.

Fuente: Diario de Almería

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